Una nueva forma de financiar un proyecto es a través de una Oferta Inicial de Moneda (Initial Coin Offering o ICO, por sus siglas en inglés), basada en la tecnología blockchain. Así, los inversores pueden invertir en tokens y en lugar de recibir Equity de la empresa, obtienen esta especie de fichas virtuales de la cadena de bloques.
Dentro de las diferentes opciones que hay a la hora de invertir dinero, la financiación de las ICO se asemeja al crowdfunding. Es decir, se destina capital a un proyecto determinado, ideado por un tercero, con la expectativa de que, como recompensa por la aportación en sus fases iniciales, se aumente el rendimiento de los fondos una vez que el proyecto, producto o servicio ofrecido en un principio sea puesto en marcha a través del emprendimiento.
Sin embargo, existe una diferencia esencial entre el crowdfunding e invertir en tokens y es que estos últimos son intercambiables. Esto permite que el proyecto se revalorice antes de que el producto o servicio sea lanzado al mercado. Los inversores puedan vender sus tokens (o parte de ellos) una vez estos hayan incrementado su valor, lo cual aporta liquidez a todos aquellos que apuestan por este tipo de proyectos.
Origen y evolución de las ICO
Esta nueva forma de financiar un proyecto en la era digital surgió como alternativa a fuentes tradicionales de financiación, como las entidades de crédito o los fondos de inversión.
Ha ido creciendo exponencialmente desde su aparición en el año 2013 debido a su carácter flexible y descentralizado. El primer proyecto que se conoce es el de Mastercoin, el cual recaudó cinco millones de dólares en Bitcoin. Mejores rendimientos tuvieron las ICOs de Ethereum y DAO, con una recaudación mucho mayor en los tres años posteriores.
En el año 2017 fue cuando explotó la creación de las ICO, con hasta 210 en activo y una recaudación superior a los 3.880 millones de dólares. Mientras que en 2019 llegaron a contabilizarse 981 ICO.
La más grande hasta el momento, teniendo en cuenta el precio de las criptomonedas al momento de la emisión, ha sido la de EOS que recaudó en junio de 2018 4,1 billones de dólares USD. Le sigue la ICO de Telegram con 1,7 billones de dólares USD recaudados hasta marzo de 2018. Y, en tercer lugar, la ICO de Bitfinex con 1 billón de dólares USD en mayo de 2019.
A continuación se muestra el gráfico de la evolución del mercado de ICO desde 2016 hasta 2019, presentado en el reporte de PwC:

¿Es segura esta nueva forma de financiar un proyecto?
La inversión a través de una ICO es tan segura como lo es el blockchain, una tecnología pública en la que no es precisamente fácil acceder al dinero de otros usuarios.
Sin embargo, existen casos particulares en los que el problema de seguridad no surgieron en la ICO ni en la tokenización, sino en la plataforma utilizada. Por ello, es importante que las plataformas a través de las que los emprendedores pueden crear su propia ICO, sean seguras.
Por otra parte, el éxito que está teniendo esta nueva forma de financiar un proyecto ha llevado al propio Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital a permitir la financiación de empresas mediante la emisión de tokens digitales en Ethereum.
En concreto, el pasado mes de mayo, se admitió la puesta en marcha de un sandbox o espacio controlado de pruebas para la creación de una plataforma o marketplace de financiación alternativa para pequeñas y medianas empresas.
Este proyecto, promovido por Bolsas y Mercados (BME), lo que pretende es facilitar la captación de fondos a través de la emisión de préstamos participativos y notas convertibles, representados como activos digitales de la red Ethereum. Está dirigido sobre todo a las sociedades limitadas, ya que estas por su tamaño y condición ven limitada su capacidad de acceder a fondos distintos de los de las entidades bancarias.